
Llevo unos días pensando acerca de la Navidad. Unos dicen que estos días son motivo de alegría y regocijo, otros argumentan que no son más que unas celebraciones sacadas de contexto en aras del consumismo compulsivo. A mí, particularmente, estos días me resultan proclives a la reflexión y a la añoranza. En Navidad no puedo evitar mirar atrás, y me vienen muchas cosas a la cabeza...Hoy pensaba en libros.
Siempre me ha gustado leer, desde bien pequeña me recuerdo con un libro en las manos, y a lo largo de los años no me he cerrado a ningún género literario. Se me ocurren muchos motivos por los que merece la pena sumirse en la lectura, pero sin duda uno de los más importantes es el sentimiento de evasión ; Abrir un libro y olvidarte del mundo que te rodea, pasar durante el tiempo que dura la lectura a habitar entre sus páginas. Cualquier libro es capaz de sumirte en este estado, sí, incluso una biografía de Hitler, de veras..., pero si existe un género paradigmático en cuanto a evasión de la realidad, ese es el de la fantasía épica. Ya sabeis...esas novelas con paladines de reluciente armadura, dragones y espadas con profecías grabadas en la hoja. Historias por lo general ambientadas en lo que recuerda a todas luces a una versión idealizada de la Europa medieval. Mundos idílicos, donde la amenaza del terrorismo o las armas de destrucción masiva no se resuelven en aburridos y estériles congresos entre líderes mundiales, sino en largos y emocionantes viajes que acaban resultando experiencias iniciáticas donde todo el mundo aprende un buen puñado de valores morales.
Llevo tiempo preguntándome por qué dejé de leerlas...
Recuerdo cuando tenía 15 o 16 años ; Por aquel entonces leía mucho a Tolkien, o las novelas de la Dragonlance de Weis y Hickman, y a menudo extrapolaba escenarios o acontecimientos de los libros a mi vida cotidiana. Estudiaba secundaria entonces, y algunos días hacía novillos en el instituto. Era divertido, porque acudía a las dos o tres primeras clases, y despues me escabullía y me iba para casa, porque sabía que a esa hora no había nadie y la tendría para mi sola. El instituto estaba a unos 25 minutos a pie desde casa, y el camino mas corto pasaba por descampados y parques sin urbanizar. Era en esas caminatas donde dejaba fluir mi mente, y todo lo que me rodeaba adquiría tintes fantásticos : Mi marcha del instituto se convertía en una fuga de un campo de prisioneros, y los descampados eran el camino hasta un refugio seguro...un camino que se llenaba con cuantas imágenes como mi imaginación quisiera generar ; Unas altas chimeneas en la distancia se convertían a mis ojos en las altas y amenazantes torres de una distante fortaleza enemiga, un terraplén de tierra arcillosa era la dura ascensión a una escarpada colina, y la sombra de unos árboles un reconfortante lugar donde sentir la brisa fresca en la cara. Así hasta que llegaba a casa, donde la agradable sensación que proporciona el saberse libre de los demás durante un buen rato, un humilde bocadillo de mortadela y un vaso de refresco, parecían placeres propios de una princesa élfica.
Quizá por eso abandoné ese tipo de lecturas ; Porque un día te miras al espejo, y aunque sigas siendo joven, hay algo profundo en tu mirada que te dice que la niña que un día fuiste se ha marchado, quien sabe si para siempre...Y resulta paradójico, porque justo entonces, lejos de los años despreocupados de la adolescencia y cuando realmente tu vida se ha ensombrecido y has adquirido cargas y responsabilidades que te abruman, no puedes acudir a aquellos libros de antaño en busca de evasión, pues solo te traen imágenes y recuerdos de lo que un día fue y jamás volverá. Descubres que leías esas historias con tanto placer porque realmente tu vida te permitía fantasear con adquirir el rol de sus protagonistas, en cambio ahora...embrutecida por obligados parámetros racionales y con el pragmatismo necesario para desenvolverse en la vida adulta, tu mente dice a gritos que nunca serás la dama elfa que pretendías ser, que eres un número más en medio de una masa estólida y abotargada, en un mundo gris, triste y aburrido.
Pero, ¿ sabeis qué ?, quizá todavía queda esperanza : Hace apenas dos semanas he iniciado la relectura de " El Señor de los Anillos ". Probablemente la joven e inocente Suze vivirá para siempre escondida en un rincón de mi mente, aunque no pueda mostrarse al mundo. Quizá, como los elfos de Tolkien, todos nosotros también tenemos una tierra prometida allende los mares que separan, y si mantenemos viva la esperanza, un día llegaremos a ella y allí recuperaremos nuestros anhelos e ilusiones perdidas, y podremos al fin ser quienes siempre deseamos ser.

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